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“Ir a África como voluntaria me ha hecho mejor persona”, afirma la enfermera Christel Bauló

23/11/2020


Tiempo estimado de lectura: 12 min

Hablamos con la enfermera Christel Bauló, que combina su trabajo como enfermera en neurocirugía y otorrino con el voluntariado en Fundación Clavel. Ha acudido a varias misiones y nos cuenta su experiencia, qué le llevó a apostar por este proyecto humanitario y todo lo que le ha aportado tanto a nivel profesional como personal. 

¿Qué te impulsó a participar como enfermera voluntaria en las misiones médicas de la Fundación Clavel?

Poder ayudar a gente que es vulnerable, que tiene pocos recursos, y también ayudar a que las enfermeras que están allí sean autónomas para hacer su trabajo. Tú no vas a arreglar su mundo porque estás 10 días allí, pero puedes ayudar. 

¿Qué es lo que más te impactó en tu primera misión a Etiopía? 

Lo que más me impactó fue ser consciente de los pocos recursos que tienen. Me acuerdo que cuando llegamos había mucha gente esperando. Ese día se visitaron a unas 57 personas, con una barrera idiomática brutal, todo era muy lento. 

Pero lo que más me impactó fue el hecho de decir, vale, tenemos 4 válvulas para colocar a los niños y hay 30 niños que necesitan esas válvulas. Entonces, tener que hacer el cribaje y ver cómo los doctores tenían que decidir qué  niños estaban mejor, porque la supervivencia allí es muy importante... 

Aquí todo es al revés. El niño que está más débil es el que atiendes antes y es al que le das más para que pueda sobrevivir. Entonces, eso, sí que me impactó. Fue duro cuando volví, allí no, allí vas haciendo. Pero cuando ya estás aquí y piensas que no todo el mundo va a tener la oportunidad de sobrevivir, porque no hay recursos...

Imagino que estando allí, como teníais mucho trabajo, no tenías tanto tiempo para reflexionar, pero al llegar...

Sí, tu mente no te deja pensar mucho porque si no estarías todo el día llorando. Hay tanto trabajo que lo das todo y el último día que haces las maletas para volver a casa dices, no sé si es suficiente lo que he hecho o 10 días es muy poco para todo porque hay muchas dudas, muchas cosas... Ahí es cuando realmente te vienes abajo, la primera vez que vas de voluntariado. Las otras veces es diferente porque ya haces un vínculo con esas personas, con los doctores y las enfermeras de allí y siempre hay un contacto. Como Fundación Clavel íbamos cada dos meses a hacer misiones, le ibas pasando cositas y había continuidad. 

Hablabas también de las dificultades del idioma, ¿cómo os comunicáis? Porque me imagino que no todos los pacientes hablan inglés. 

No, es o inglés o si no el doctor que tenemos allí de referencia es el que habla con los pacientes. Pero es un poco complicado porque no puedes intuir nada, así que yo creo que se quedan algunas cosas en el tintero.

¿Cuántas personas del equipo soléis ir en cada misión?

En la actualidad, va un anestesiólogo, un neurocirujano (antes iban dos, pero como allí está el doctor Tewodros, ya solo va un neurocirujano) y una enfermera quirúrgica.

Respecto a las carencias que has comentado cuando hablabas de lo que más te impactó, ¿cuáles consideras que son las más destacables?

Los recursos materiales, de fármacos, de instrumental... Esto es lo que más porque, realmente, en Etiopía, a nivel médico están bien formados, tienen conocimientos, pero lo que son materiales, no. Es muy difícil además llevar material hasta allí, por las fronteras, las aduanas... Es una cosa más burocrática en la que no podemos intervenir nosotros.

¿Cómo es el día a día durante la misión? 

Quedamos con el doctor Tewodros sobre las 7.30-8.00 de la mañana. Como allí todo va muy lento, igual en una mañana tienes programadas 3 cirugías, pero acabas haciendo dos porque el paciente no aparece o no está preparado el material...

Se para a mediodía a comer un poco y luego seguimos. A las 18.30 o 19 de la tarde acabamos la jornada de quirófano. Luego vas a planta y pasas visita a todos los pacientes que hayas operado. Cuando terminas vas al hotel, cenas un poco y a descansar hasta el día siguiente. 

En Etiopía nunca nos han llamado por la noche porque hay residentes. Pero en otros sitios sí y a las 3 de la mañana hay que salir corriendo para ir al hospital.

Cuéntanos una vivencia que recuerdes especialmente de alguna de las misiones.

Me acuerdo perfectamente, cuando fui en junio de 2018, entró una cesárea al quirófano de al lado. Vinieron los doctores a buscarnos para que los ayudáramos. Y era cómo, ¿una cesárea? Entonces fue el anestesiólogo para ayudar y después nos dieron a los bebés porque era un parto gemelar.  

También recuerdo a una niña a la que le había atropellado un coche y llegó con una herida en el ojo. Nosotros estábamos haciendo las curas en pediatría y nos pidieron coserle, porque ellos solo tenían aguja de cesárea, que es muy grande. Era una niña de 6 años, nos la llevamos y a nivel de enfermería le estuvimos dando mimos para que estuviera tranquila. Al final la niña súper bien, nos pasaron una foto al cabo de unos meses, estaba muy bien cicatrizado y menos mal, porque con esa aguja de cesárea no hubiese aguantado el dolor. En ese caso, que era muy sencillo, acabamos llorando al pensar en que esto en España no hubiese pasado.  

Y bueno, anécdotas hay un montón. Me acuerdo también un día que nos íbamos ya al hotel y llegó un paciente con un trozo de árbol clavado en medio de la frente andando y sonriendo, nos impactó mucho. Y claro, nos quedamos allí.  Hay muchas anécdotas y casos muy tristes también.

Haciendo balance de las misiones, ¿cuál crees que ha sido vuestra aportación más destacada?

La enseñanza, ellos saben hacer las cosas, pero a veces no cómo. A nivel de médicos el neurocirujano que está allí es muy resolutivo, está muy bien formado, pero en el caso de enfermería tuvimos que empezar de cero porque allí no había enfermería en neurocirugía. 

Entonces, claro, la educación para realizar los cuidados pre, intra y post quirúrgicos de neurocirugía ha sido muy importante. Saben que al paciente neuroquirúrgico se le tiene que hacer un control neurológico postquirúrgico, pero no tienen los recursos y no saben cómo hacerlo. Entonces les decimos que es importante visualizar las pupilas, si tiene una parte de su cuerpo que no le funciona y antes sí hay que avisar al médico porque es una complicación...

A nivel de anestesiólogos también fallaban bastante porque bueno, ellos a veces no saben lo que pasa, el paciente no se despierta y piensan que es normal. Y nosotros decíamos no, no es normal, pasa algo, hay que resolver. 

Todo funciona bastante diferente, ¿no?

Sí, ellos van a la universidad, les enseñan que se tiene que hacer de una forma, pero no saben el por qué. Entonces lo hacen así y si hay algún caso que se sale de los estándares, pues ahí ya no saben qué hacer y no le dan importancia. Me acuerdo que en la última misión tuvimos que operar a una niña de 3 meses y la cirugía fue súper bien, pero no se despertaba. Allí daba igual, y nosotras, hombre no, da igual no. Estuvimos 6 horas para poder despertarla la anestesióloga y yo, tuvimos que hacer una UCI de pediatría sin recursos. Entonces, a nivel de formación es lo que más aportamos.

¿En qué se podrían mejorar las misiones de cara al futuro?

Yo creo que es muy importante que pueda haber más equipo, dos enfermeras, porque si tú estás en quirófano no puedes estar haciendo curas, atendiendo urgencias, haciendo docencia... Sí que es verdad que en la última misión fuimos con un radiólogo porque vimos que había un TAC y que no se estaba usando y nos decían que no lo sabían poner en marcha. 

También el tema de material, ahí sí que vamos muy justos. Se necesitan muchos permisos para poder llevar cosas a esos países, todo esto es bastante complejo. Y, bueno, también iría muy bien que estuviéramos más días, porque 10 se pasan volando.

Es decir, más gente en el equipo y, claro, a nivel de Fundación Clavel se necesitarían más recursos económicos.

¿Qué aprendizajes has adquirido, tanto profesionales como personales, gracias a este proyecto humanitario?

A nivel profesional, he aprendido a valorar mucho lo que tenemos aquí. Por ejemplo, nosotros en planta tenemos un carrito con todo el material y si no lo tienes ahí, te vas al almacén y lo encuentras. Entonces lo pasaba mal porque yo veía ese carro lleno de material y pensaba, no sabes lo afortunadas que somos. Y a veces la gente quejándose, es que no tenemos no sé qué y yo pensando, pero si lo tienes en el almacén. Es decir, me ha hecho ser más agradecida a nivel del trabajo, a usar mejor los recursos. A veces abríamos un paquete de gasas, usábamos una gasa y lo tirábamos. Ahora no, la usas para algo que no sea estéril, yo que sé, limpiar lo que sea, o mil cosas. 

Luego a nivel personal, a ser un poco mejor persona, a ser más generosa, a valorar más que el mundo en el que vivimos no es el mundo real. El mundo real va más allá de lo que vemos nosotros, yo me acuerdo que compré dos paquetes de esos de pinturas y los llevé para allá. Cuando los saqué, vi que empezaron a llegar niños y no tenía para todos. Y dije bueno, pues les doy un lápiz de un color a cada uno y ya que se apañen. ¡La mar de felices, con un color! Y yo pensando, esto lo haces aquí y te dicen que de qué vas. Es decir, nuestros niños están acostumbrados a tenerlo todo. Y no valoran que la gente no lo tiene todo. 

Esa gente es muy generosa, siempre están dándote las gracias, sonriendo... Tuvimos un caso de un niño que falleció, un niño de 8 meses y la madre nos daba las gracias. Y yo pensando, no entiendo nada. 

Valoran lo que quizá aquí damos por hecho...

Sí, valoran que has perdido tiempo de tu vida para ir allí, para darles la oportunidad de vivir. Al final esa mamá decía, es que se hubiese muerto igual y vosotros le habéis dado la oportunidad de poderlo salvar. Nuestro dios ha querido que se vaya, pero vosotros lo habéis hecho bien. Y yo pensando, sí, lo hemos hecho bien, pero este niño se ha muerto porque no había una UCI preparada. Al final falleció por unas convulsiones. Porque no teníamos medicación... Y aquí, cuando tú comparas con lo que tenemos, dices, es que ese niño no hubiese fallecido. O igual sí, pero por otro tema, no por unas convulsiones.

Todas estas situaciones te hacen ser más agradecida, valorar más lo que tienes... Bueno, cada uno tiene sus problemas y a veces los ves una montaña. Por ejemplo, tema del COVID, cada uno estábamos preocupados por nuestras familias, los pacientes, la gente del hospital... Pero los voluntarios de Fundación Clavel también coincidíamos con el “ya, ya, qué pasará en Etiopía”. Qué va a pasar si necesitan a algo, no podemos coger un vuelo. Sí que hemos mantenido el contacto con ellos y nos han dicho que más o menos están bien, pero para ellos ese más o menos es para nosotros estar fatal, eh. 

Ir allí te hace valorar muchas cosas que aquí pasan desapercibidas. El ser agradecido, el ver ese carro lleno de material y saber que no lo tienes que malgastar. Cuando empezó el COVID yo les decía a mis compañeras, “esto es como estar en África, chicas”. Porque en África era el caos absoluto sin recursos. Entonces era eso: no hay camas en UCI, no hay respiradores para todos, no hay EPIS para enfermería... Y así hemos estado 3 meses, pero allí es siempre. 

Imagino que te hace relativizar un poco los problemas que tenemos aquí, porque sabes que en otras partes del mundo es muchísimo peor. 

Exacto. Aquí si te das un golpe dices, bueno, voy al hospital. Sí que estamos colapsados los servicios asistenciales, pero tenemos opción de mutua, tenemos opción de hospitales públicos...  Es decir, tenemos que dar gracias de tener un sistema sanitario al que poder acceder para que nos ayuden a curarnos.

Luego también lo que me ha aportado ir a África es conocer a gente. Todos muy diferentes entre nosotros, pero nos une la misma causa y esa semana nos queremos como si fuéramos una familia. Hay mucho respeto. Nosotros vamos allí y no imponemos nada, preguntamos qué es lo que necesitan y hacemos les enseñamos. Pero nada de imponer y nada de yo soy más que tú.

A partir de tu experiencia, ¿por qué consideras que es fundamental seguir haciendo misiones?  

Para que ellos sean autónomos en su trabajo y tengan los recursos necesarios para hacer las cosas de la mejor manera, es decir, que el paciente esté seguro, bien atendido, que tenga el menor riesgo de infección... Para que la neurocirugía sea exitosa. Darles todos los recursos educativos y de material para que ese paciente sea un éxito desde que entra al hospital hasta que sale. Que ellos tengan las claves para saber hacer las cosas bien y pensándolas. 

Si hay una infección, hay un sangrado... que no lo normalicen. Que vean lo que pasa. Yo creo que la Fundación Clavel ahí hace un trabajo muy importante. Entonces, sería la educación sanitaria, que es lo primordial, y darles esos recursos necesarios para que puedan cuidar y curar a los pacientes, a cada uno como le toque.

¿Recomendarías esta experiencia a otros profesionales?

Sí, sin duda. Por todo. Es decir, cuando vas allí nadie te explica lo duro que puede ser, pero todos los voluntarios que hemos ido por primera vez, salimos con la misma sensación. Así que, sí, creo que todo el mundo tendría que ir a África. Para ser mejor persona. Yo si tengo algún día un hijo, lo voy a llevar allí, porque es la realidad del mundo en el que vivimos.



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